Tumblr de novelas, por ahora tengo una terminada y estoy publicando la segunda. Si lees, por favor DALE LIKE a las publicaciones, asi puedo distinguir a mis lectores. ¡Muchas gracias!

Efectivamente, en cuanto mis pies tocaron la tierra firme del pavimento un Mercedes negro se estaciono en la acera de enfrente y un hombre de cabello negro, cuerpo bien trabajo y vestido totalmente de negro —Como yo — Salió glorioso por la puerta del conductor e hizo un gesto de saludo con la mano.
—Lindo auto —Lo saludé mientras me acercaba.
—Gracias, es mi consentida —Cruz me regaló una media sonrisa y bordeó el auto para abrirme la puerta del copiloto — ¿Cómo has estado?
—Umm, bueno, tomando en cuenta que no nos vemos desde… Esta mañana, estoy casi igual de bien que a la hora del desayuno, excepto por un par de detalles de último momento —Forcé una sonrisa y cruce los brazos tras abrocharme el cinturón de seguridad.
—No estás en tus días más amables, ¿Verdad? —Arqueó una ceja y aceleró —Para tu suerte, yo sí, así que empezaremos desde cero, ahora mismo —Tomó aire y se mantuvo en silencio por unos segundos — ¡Hola! Me llamo Cruz, ¿Cuál es tu nombre? —Preguntó sin sacar la mirada del camino.
—No juegues conmigo, Dankworth.
— ¿Qué te hace pensar que estoy jugando?
—Emma —Contesté estirando la mano para que él la tomara, pero no lo miré, estaba poniéndome incomoda.
—Así está mejor —Sentí una sonrisa en su voz que me hizo mirarlo involuntariamente.
— ¿A dónde quieres ir?
—Un café no estaría nada mal, hace frio.
—Claro.
— ¿Y qué es lo que estabas haciendo por acá? —Pregunté tras un silencio notoriamente incómodo.
— Buscaba algún apartamento decente y espacioso…
— ¿Por aquí? —Me asombré, esta no era la zona perfecta para alguien como él.
—No exactamente por aquí, pero más o menos, como a diez minutos.
— ¿Te mudas? —Solo me faltaba tenerlo a diez minutos de distancia.
—Oh, no —Aclaró —Era para mi hermana, pero no hay nada bueno, tendrá que vivir conmigo…
— ¿Tienes una hermana? —Otra revelación — Creí que solo eran Benjamin y tú, tus papas no la nombraron para nada la otra vez…
— Es mi hermana por parte de mamá —Desvió la mirada de la carretera y posó los ojos sobre los míos — Y no, Honore no es mi madre, es la madre de Benjamin.
— ¿En serio? Bueno, eso explica por qué te pareces mucho a tu padre y aunque tienen algunas cosas en común, Ben y tú casi ni se parecen.
—Lo sé —Soltó una risa y mantuvo los labios curvados por unos segundos.
— ¿Y tu mamá? —Oh, Emma, ese puede ser un terreno delicado…
—Mi madre es maravillosa —Contestó con la misma sonrisa en sus labios, yo respiré aliviada —Vive en Francia con su esposo y su hija, no puedo quejarme de esa familia, pero la verdad es que siempre me sentí más apegado a mi padre, por eso vine con él.
—Eso explica tu acento francés —Reí — Así que tu padre volvió a casarse con una americana…
—Así es —Se estacionó casi a una cuadra de Starbucks y cruzó los brazos — Viví como hasta los 6 años en Londres, para entonces mi padre ya se había casado y estaba en américa, de hecho me dejó cuando apenas tenía un año, pero siempre estuvo en contacto conmigo, viajaba para verme cada verano… Hasta que mi madre conoció a un hombre francés, ella estaba encantada, porque también es francesa, así que volver a su país natal era como un sueño precioso —Arqueó las cejas como si estuviera confundido y continuó — Nos fuimos a vivir a Paris y no volví a ver a mi padre hasta los 18, cuando decidí que quería vivir con él.
— ¿Y dejaste a tu madre y a tu hermana por venir a américa? —Soné más acusatoria de lo que hubiera querido, eso le causó gracia.
—Emma, ellas son felices ahí, ambas francesas, soñadoras, son tal para cual, era yo el que nunca encajé. Me fui cuando mi hermana tenía 10 años, soy más afecto a ella ahora que entonces, yo era un adolescente que quería vivir su vida y ella jugaba con barbies y me pedía que le hiciera dibujos, las extrañé, pero aquí tenía a papá y un hermano casi de mi misma edad, hemos hecho cosas terribles juntos, el sueño de todo adolescente…
— ¿Cómo tomó Benjamin que fueras a vivir con ellos?
— Conocí a Benjamin cuando él tenía 3 años y yo 5. Fue la última vez que mi padre me visitó antes de irme a vivir a Paris, después de eso él sabía que tenía un hermano mayor en Europa y yo sabía que tenía uno menor en América, nos llamábamos en nuestros cumpleaños y a medida que fuimos creciendo lo hicimos unas cuantas veces más, recuerdo que él me dio el ultimo empujón para venir a América, los 6 meses previos a mi decisión habíamos empezado a hablar por la computadora, que además de ser una novedad nos ayudó a conectarnos mucho más… Él estaba feliz de tener un hermano con quien pasar el tiempo y yo de no tener que dormir con un ojo abierto porque a Heaven se le daba por maquillarme cuando tomaba una siesta.
—Heaven, me gusta el nombre —Y su historia era muy interesante, debía de haber una gran aventura detrás del breve resumen de su vida.
—Mi madre es muy fiel a Dios, me puso Cruz, por obvias razones —Rió — Cuando crecí me di cuenta de que probablemente fui una carga muy dura de llevar en mi niñez y Heaven es como… El mismísimo cielo, la bendición de la casa —No había recelo en sus palabras, ni rencor, amaba a su familia y era algo que se podía ver a kilómetros.
—Me gustaría conocerla, debe tener mi edad, ¿No? —Pregunté y luego me di cuenta de lo que había dicho, ¿Conocerla? No planeaba volver a verlo, menos a su familia.
—No, es una niña, tiene 20, te caería bien, es sociable —Me miró y clavó una sonrisa directo en mi rostro, había algo en mí que quería conocer mucho más sobre él, su vida, su todo…
— ¿Una niña? —Solté una carcajada — ¿Te parezco una niña? Tengo 22.
—No, por supuesto que no —Se vio sorprendido —Eres una mujer hermosa, Emma, tal vez son mis ojos de hermano mayor que no me permiten ver cuánto ha crecido.
—Eso es dulce — ¡¡Y me dijo hermosa!! — ¿Cuántos años tienes, viejo? —Pregunté a modo de broma.
—No soy viejo —Se defendió —28 adorables y cortos años.
—Uno más que Austin… Podría ser peor —Reí — Ya me dio frio, ¿Vamos a ir por el café o nos vamos a quedar aquí todo el día esperando a que llueva?
—Café, ahora —Sonrió activando la alarma del auto.
Estar con él no era tan malo como pensaba, si es que alguna vez lo había pensado. Lo cierto es que me ponía nerviosa, buenos nervios, pero incomodos, aunque después de la conversación que habíamos tenido minutos atrás mi confianza había crecido un poquito más, lo suficiente para no tener miedo de mover la boca.
Sabíamos que se largaría a llover en cualquier momento, así que él me entregó un paraguas negro mientras íbamos caminando. Cuando entramos al establecimiento el aroma a café me embriago por completo y la calefacción me hizo sentir como en casa. Cruz pidió dos cafés y unas galletas de avena, yo amaba esas galletas, podían ser mi único alimento en años y jamás me cansaría de ellas.
Nos sentamos en dos sillones y nos quitamos los abrigos, él sujetó mí abrigo y lo guardó junto al suyo, luego le dio el primer sorbo a su café y yo mordí una galleta.
—Eres la primera chica con la que salgo que me pide galletas de avena…
—Y eso es horroroso, porque…
—No, no lo es, en absoluto —Sonrió —
—Me encantan las galletas, deberías probar una —Extendí el plato y levanté las cejas, él no tomo ninguna.
—Gracias, pero no me gusta la avena, me obligaban a tomarla de niño —Rió.
— ¡A mí también! Y me encanta —No planeaba discutir el sabor de la avena, así que me dispuse a comer la segunda galleta en silencio.
— ¿Qué hay de ti? Tu familia… —Preguntó con naturalidad. Mi corazón dejó de latir por un segundo.
—Dudo que Austin nunca haya hablado de nuestra familia, así que no hay mucho que decir… —Por favor, no preguntes nada más.
—Tal vez con Benjamin, pero Emma, te recuerdo que él y yo no somos mejores amigos —Se acomodó en el sillón y cruzó una pierna posándola sobre la otra, era muy sexy —Sé que Vivian con unos tíos en Arizona, nada más.
—Pues no hay mucho más que eso —Aclaré, no me gustaba hablar de mi pasado, menos con extraños. ¿Era un extraño? —Soy adoptada —Estaba segura que eso era lo que le intrigaba, y a estas alturas de mi vida, no era algo que me avergonzara —No encuentro nada más interesante que decir aparte de eso —Reí nerviosa y miré al suelo, sentía su mirada sobre mi cuerpo y volvía a ponerme incomoda.
—Eso es muy interesante —Corrigió — ¿Austin también lo es?
—No, él es todo un Moro, aunque no parezca… —Reí, sabía el significado y no concordaba para nada con los rasgos físicos de la familia — Nos han dicho que el apellido se inició con la llegada de un Moro a América, pero debió ser hace mucho tiempo y el hombre debió haber conocido a mujeres americanas ,muy bellas, porque créeme, en mi familia no hay una sola persona que no sea rubia de ojos claros —Reí, era totalmente cierto —Yo soy la única brunette…
—Me gustas así —Comentó llevándose el vaso blanco de café a la boca, sin dejar de mirarme un solo segundo. ¿Qué dijiste, Cruz?

En fin, una tarde sola no iba a estar nada mal. Me senté en el cómodo sillón y me dispuse a buscar alguna buena película en la Tv, pero el celular me interrumpió con un zumbido que avisaba la llegada de un nuevo mensaje.
“Desconocido
17/11/2012 16:54
Ha sido divertido anoche…
Y esta mañana ;-) Espero
que nos encontremos pronto.
Cruz D.”
¿QUE? ¿Cómo ese hombre había conseguido mi teléfono? Austin iba a estar molesto por esto. Al diablo Austin, ¿Quién le dio mi número?
Me revolví en el sillón por un segundo antes de que mi corazón empezara a latir a mil por hora, leí el mensaje una y otra vez sin saber qué hacer. ¿Lo agregaba a mi lista? ¿Le contestaba? Por supuesto que no a ambas opciones, sabía cuáles eran sus intenciones, sabía que no tenía que acercarme a ese tipo de hombre. Con Austin había aprendido lo suficiente.
Pero él era lindo… Y no pasaba nada con un mensaje. Además no pensaba volver a verlo.
Lo anoté en mi lista de contactos como “Ogro verde y baboso” y reí mientras lo hacía. Una pequeña broma privada y fácil de identificar para borrarlo en cuanto me aburriera de hablar con él.
“Emma
17/11/2012 17:12
Como tienes mi numero?
Fue divertido para mí también xo”
Presioné la opción de “Enviar” y respiré hondo, me quede estática esperando su respuesta y aunque llegó realmente rápido para mi fueron los segundos más largos de toda mi vida.
“Ogro verde y baboso
17/11/2012 17:13
Tal vez revisé los contactos
de tu hermano… Solo tal vez ;-)
Estoy cerca de tu zona, Vamos a
tomar algo?”
OH, NO.
“Emma
17/11/2012 17:14
Dame una buena razón para
Decir que sí… ”
Su respuesta fue automática.
“Ogro verde y baboso
17/11/2012 17:14
Probablemente no haya
ninguna además de la
cortesía. Paso a las 6.”
“Emma
17/11/2012 17:14
No dije que sí!!!”
“Ogro verde y baboso
17/11/2012 17:15
6 en punto y abrígate, esta
Haciendo frio.”
¿Quién se creía que era para decidir por mí? No iría a ninguna parte, a las 6 en punto estaría exactamente igual que ahora, mirando televisión, despeinada y sin zapatos. O tal vez, solo mirando televisión sin zapatos, tampoco quería parecer un espantapájaros si tenía que hacerle un gesto obsceno por la ventana.
Dejé el celular a un costado y cambie de canal, cambie de nuevo y de nuevo y seguí presionando el botón del control remoto mientras mi mente divagaba y se perdía en el recuerdo de su aroma… NO.
Me levante de prisa y fui a la cocina a servirme un vaso de agua, caminé por toda la casa con la mente en blanco y paré en el baño un momento para peinarme, no podía comprender por qué de un momento a otro me había alterado tanto, mi respuesta era un no y no había persona en este mundo que pudiera hacerme cambiar de idea, ni siquiera el presidente, ni los del FBI o…
Mi celular volvió a sonar, pero esta vez era una llamada.
¡Que sea él, que sea él!
Miré la pantalla: Ogro verde y baboso llamando.
Lo dejé sonar por unos segundos, no quería contestar tan rápido, ni siquiera sabía si quería contestarle realmente, además tenía que mostrarme poco interesada, al fin y al cabo no iba a ir a ningún lado. Después de unas cuantas respiraciones aceleradas decidí deslizar el dedo por la pantalla para contestar el llamado, desgraciadamente era muy tarde y la llamada se finalizó. ¡IDIOTA!
—Poco interesada, poco interesada… —Imité a mi subconsciente en tono de burla mientras me sentaba de nuevo en el sillón, frustrada, con el celular en mis manos y una llamada perdida.
No había pasado ni 10 segundos cuando volvió a sonar y esta vez, como la verdadera desesperada que era, contesté al primer tono. ¡ESTUUUPIDA!
— ¿Hola? —Mi voz tembló y sentí vergüenza.
—He cambiado de idea, me desocupé más rápido, así que estoy yendo ahora, ¿Esta bien?
—Ah, Cruz, eras tú… —Fingí sorpresa.
— ¿Qué? ¿Todavía no me agregaste? —Escuché su risa y sentí un escalofrío — Bueno… Estoy como a 5 minutos de tu apartamento.
—Nunca dije que sí —Defendí mi derecho de decisión.
— ¿Cuál es el problema? No voy a comerte, Emma —Contestó con despreocupación —Tomamos un café y conversamos un rato, sé que tu hermano no está, porque ha salido a… Divertirse con Benjamin, así que no tienes nada mejor que hacer.
— ¿Por qué no saliste con ellos? —Pregunté verdaderamente interesada.
—Ellos son mejores amigos, Emma, yo solo soy un acompañante ocasional, tengo mis propios amigos y mis propios asuntos, esos dos viven pegados como si hubieran nacido unidos por el trasero… —Me hizo reír.
—Te creo, pero como te dije anoche, estás perdiendo el tiempo conmigo, estoy seguro de que hay muchas otras mujeres con quien pasar el rato ahí afuera…
—Yo nunca pierdo el tiempo si se trata de una mujer… —Aclaró — Y como te repetí anoche: Respeto al mejor amigo de mi hermano. ¿Es muy difícil creer que solo quiero conversar un rato? ¿Cómo amigos? “Los hombres como yo” no vivimos de casería, también tenemos nuestros descansos.
—Vale la aclaración, pero no creo que sea una tarde adecuada, el del clima avisó que puede llover… — ¡Vamos, Emma, una mejor excusa!
—Bien, ya entendí… Vaya, nunca pensé que fuera tan difícil aceptar una salida, que descortés —Se mantuvo en silencio. ¿Lo decía en serio?
— ¡No soy descortés! —Sí soy, ¿Verdad? Rayos… —Bueno. Salgamos.
—De acuerdo, llego en 3, ¡Tocare la bocina 3 veces seguidas! —Cortó.
No podía creer que había aceptado una salida con ese hombre. Era horrible y emocionante al mismo tiempo, mi corazón seguía latiendo a mil por hora y yo estaba parada en medio de la sala como si me quedaran horas para arreglarme.
Corrí a mi habitación y abrí el armario, llevaba puestos unos pantalones negros y un suéter color cereza, así que cogí un abrigo negro y unas botas altas del mismo color. Mi inseguridad se reflejaba en mi ropa, un atuendo negro para una tarde lluviosa no podía hacerme ver más tétrica, pero Cruz tendría que conformarse con eso. Tras ponerme las botas me paré frente al espejo y me delineé los ojos, no era el tipo de chica que amaba el maquillaje, solo en noches especiales. Me pasé un poco de brillo en los labios y besé el aire antes de apagar la luz y agarrar el abrigo negro junto con mi bolso para salir escaleras abajo a mi encuentro con el hombre insistente.

—Gracias por todo, chicos —Saludé a los dos hermanos mientras esperaba a que Austin desbloqueara las puertas del auto.
—Fue divertido, Emma, deberías venir más seguido con tu hermano —Comentó Ben mientras me daba un abrazo corto.
—Sí, podríamos enseñarte a tolerar un poco el alcohol —Bromeó el moreno de ojos azules imitando el abrazo de su hermano menor.
—O en su defecto, a tolerar a Aus en estado de ebriedad…
—Ustedes dos deberían ser novios —Bromeé al ver el abrazo de despedida de mi hermano con su mejor amigo.
—Si fuera gay, te aseguro que Austin seria mi última opción —Aclaró Ben mientras reía.
— ¡Hey! —Escuché la queja de mi hermano mientras entraba al auto —Hubiese dicho lo mismo de todos modos…
Nunca había visto a Austin con sus mejores amigos, tal vez uno o dos que pasaban a saludar o con quienes salíamos a menudo, pero la confianza que tenía con Ben era inexplicable, era como si con él hubiera conseguido al hermano que le faltó toda la vida.
Cruz abrió la puerta para ayudarme a entrar, le sonreí y lo último que vi de él fueron sus manos escondiéndose en los bolsillos de su pantalón mientras su cuerpo iba haciéndose más y más pequeño en la acera frente al mar.
Él me gustaba, me había gustado desde el primer momento en que lo vi y aunque supiera la clase de persona que era, o al menos lo intuía, no tenía por qué privarme de ver a un hombre atractivo, además, no contaba con volver a verlo otra vez, al menos no tan pronto.
Al llegar a casa me di un baño rápido y me dispuse a continuar con mis preparativos navideños, supongo que me distraje un buen rato con eso, porque cuando quise darme cuenta ya era hora de almorzar y Austin había regresado de comprar unas pizzas para una comida rápida y grasosa, como era típico de nosotros después de una fiesta, ya que ninguno quería cocinar.
—Bueno, me fui por 30 minutos y ya decoraste media casa —Comento mi hermano mientras se llevaba una rebanada de pizza a la boca.
—Apreciaría un poco de ayuda para lo que queda…
—De acuerdo, terminando de comer yo hago el resto, solo porque hiciste un buen trabajo y porque me soportaste anoche.
—No me lo recuerdes —Aunque no había sido tan malo… — ¿Sabes qué? Benjamin me cae bien, digo, es muy parecido a ti y parece ser un buen chico.
—Hablas como una abuela —Se burló — ¿Y qué me dices de Cruz? Ben te cae bien y casi ni le has hablado, sin embargo has pasado toda la noche con su hermano mayor — ¿Austin curioso, molesto, sobreprotector, preocupado? Quien sabe…
—Sí, es divertido, pero predecible. Comprendí sus intenciones al instante y le deje claras las cosas, después de eso se ha comportado muy bien, además guardó su distancia cuando comprendió que no podía meterse con tu hermana.
—Me parece muy considerado de su parte, aunque no me fío por completo de él. Lo conozco, Emma, no te conviene…
— ¿Por qué me lo dices? —Lo interrumpí —Como si alguna vez me hubiera metido con alguno de tus amigos. Sabes que yo no soy así. Sabes que…
—Lo sé —Me dejó con la palabra en la boca —No me refiero a eso, Emma. Puedo ser tu hermano, pero también soy un hombre, sé cómo te miraba y sé cómo lo mirabas a él. Te resistes a todo, pero eres una mujer y no puedes evitar sentir cosas por alguien.
—Si sintiera algo por alguien, Austin, no sería por ninguno de tus amigos, ¿Comprendes? No con ese tipo de gente. De todos modos no sé porque estamos hablando de esto si sabes que no va a pasar nada con él ni con ningún otro.
—Tal vez es que he pasado los últimos años de mi vida mirando cómo te babeabas por los chicos y jamás diste un paso con ninguno, estaba bien por mí al principio, pero vamos, ya creciste, deja pasar esa etapa.
— ¿Etapa? A veces siento que somos muy iguales y de repente sueltas comentarios como ese y me doy cuenta de que somos todo lo opuesto y lo opuesto, hermano, cuando no tienes a nadie que te entienda, duele.
Me molestaba cuando se le daba por tener conversaciones amorosas conmigo. Me molestaba cuando se cerraba a la realidad y me dejaba a mí como la del problema. Me desesperaba que viviera su vida como si todo lo que hiciera fuese correcto, cuando todo lo que hacía era un completo error.
Me levante de la mesa y camine hacia mi habitación, cerré la puerta y me recosté sobre la cama, boca abajo, con la esperanza de ahogarme con la almohada mientras me quedaba dormida.
Nunca tuve novio. Nunca necesite uno. Los chicos siempre habían sido guapos, siempre me habían atraído, pero ¿Una relación? Esas cosas no eran para mí. Había tenido citas con chicos en la universidad, pero tan solo por necesidad social, por atracción física. Nunca permití que llegaran a enamorarse de mí, nunca ilusioné a nadie al punto de tener que rechazarlo, eran tan solo unos cuantos días de diversión y luego encontraba alguna excusa para irme, para no dejarme a mí misma caer por nadie, jamás.
El autobús me dejó en la esquina de casa, como cada día a las 2 de la tarde. Mis amigas me saludaron por la ventana y yo les sonreí llevando la vista hacia el corto camino que me quedaba para llegar a la puerta de mi hogar. Vivíamos en un pueblo pequeño y la tranquilidad y el silencio abundaban por todos lados, por lo que si algo sucedía, todos se enteraban al instante. Caminé arrastrando la mochila de rueditas y a medida que avanzaba los ruidos se hacían más fuertes. Cuando llegué a la puerta sentí un escalofrío y dudé dos veces antes de empujarla con mis pequeños brazos.
Mamá lloraba en alguna parte de la casa, tal vez en el segundo piso. Papá rompía cuantos objetos de vidrio se le cruzaban por el camino y le gritaba groserías, no me gustaban las groserías, me habían enseñado a no decir ninguna. Me tapé los oídos y corrí a mi habitación, intenté cerrar la puerta lo más rápido que pude, pero una mano se interpuso y la empujó para volver a abrirse. Me llené de miedo y me tape la cara mientras emitía un grito agudo. Las lágrimas empezaron a salir de mis ojos sin control y esa misma mano acaricio mi cabeza y me obligó a acercarme para estrecharme en un abrazo protector. Austin siempre llegaba antes a casa, él siempre estaba para protegerme, él me hacía sentir segura. Me aferré a su cuerpo con fuerza y lloré en silencio, era alto y fuerte, yo sabía que él lucharía contra cualquier cosa para que no me hicieran daño, me lo había prometido.
— ¿Vamos a comprar un helado? —Me preguntó sujetándome de la mano.
—Mamá —Contesté como una súplica.
—Ella va a estar bien, Emma, sabes que mamá es fuerte.
Mamá es fuerte.
Abrí los ojos, no me gustaba pensar en esas cosas. Miré hacia la ventana y vi que el sol ya no era tan fuerte y cuando me senté y miré la hora en el celular comprendí que había dormido por lo menos unas 3 horas y ya eran casi las 5 de la tarde. Me levante y busqué a mi hermano, me gustaba dormir luego de las peleas, porque al despertar ya no sentía nada.
Entré a la sala y me lleve una gran sorpresa. Austin había terminado de decorar todo lo que yo había dejado a medias, ese hombre era un amor, tenía unas ganas enormes de darle un abrazo, pero él no estaba en casa. Solo una nota pegada a la refrigeradora.
“Voy al GYM, después tengo una cita.
Espero que te despiertes con mejor humor.
Hay más pizza en el micoondas.
No me esperes despierta ;-)
Aus.”
Mi hermano y sus típicas notas. Reconocería en cualquier lado si alguien se hacía pasar por él, tenía una forma de escribir inigualable, y dejaba notas como si se tratara de la lista del supermercado.

Su camiseta olía igual que el abrigo, era una mezcla de olor a limpio guardado en un cajón donde todo tenía su olor, así que cualquier cosa que pusieras era un hecho que se impregnaría con el delicioso aroma.
Prendí la luz y me acerqué a un espejo que reposaba sobre una de las paredes. Ahí estaba yo, sin desmaquillar, semi despeinada, con una camiseta blanca simple con escote en “v” que me quedaba enorme y unos boxers color gris oscuro que sinceramente dudaba habérselos visto puestos a mi hermano alguna vez, y sí, yo era la que metía gran parte de la ropa en la lavadora.
Me recogí el cabello con una colita simple y miré el reloj: 4:27a.m.
Salí de la habitación con cuidado e intentando hacer el mayor silencio posible y me asomé por las escaleras para observar a los dos que dormían en la misma posición donde los había dejado un rato antes. Iba a volver a mi habitación, pero me quedé observando el mar desde el vidrio del balcón cerrado y cuando quise darme cuenta estaba sentada con las piernas cruzadas al estilo indio sobre uno de los acogedores sillones. Era invierno, pero dentro de la casa el ambiente era tan cálido que tranquilamente podría cerrar los ojos e imaginar que me encontraba en el final de la primavera.
— ¿Insomnio? —Una voz me sobresaltó de tal manera que casi pego un grito, volteé con rapidez y lo vi parado justo detrás de mí.
—Cruz, me asustaste… Estaba justo por irme a…
—Quédate —Me interrumpió —De todos modos yo tampoco puedo dormir.
— ¿Te cuesta dormir en otros lugares? —Pregunté, tal vez teníamos algo en común.
—No, no es eso… Ese era mi cuarto antes de irme de casa, de repente es que me inquieta saber que no puedes dormir —Se sentó a mi lado y apoyó sus codos en las rodillas.
—Bueno, supongo que veremos cómo sale el sol, en cuanto haya luz le tiro un vaso de agua a mi hermano y me lo llevo —Giré un poco a mi izquierda para mirarlo, no llevaba camiseta, solo unos pantalones de pijama negros que se perdían en la oscuridad.
—Suerte con eso, te apuesto que no abrirá los ojos hasta el mediodía —Juntó ambas manos y las llevó a su boca, como si pensara, yo lo observaba solamente porque la oscuridad me daba la seguridad para hacerlo.
No dije nada, él tampoco. Supongo que no tenía nada que decir, de todos modos yo tampoco tenía. Me recosté sobre el lado opuesto de donde él se encontraba sentado y apoyé la cabeza en un cojín, estaba oscuro, pero se podían ver las olas que se movían reflejadas por la luna y una vez más olvide que él estaba ahí y sin darme cuenta me quedé dormida.
Desperté en la misma posición en la que había dormido, de costado y con las piernas flexionadas para no ocupar espacio, con la única diferencia de que habían dos piernas que rodeaban las mías, como protegiéndolas. Levanté la cabeza con cuidado y lo vi. Cruz dormía recostado al otro extremo del sillón, con los brazos cruzados, como si se hubiese quedado dormido mientras me observaba y sus piernas, una a cada lado de mi cuerpo. Se veía bien mientras dormía y realmente dudaba que pudiera verse mal en algún aspecto de su vida.
Iba a levantarme cuando escuche que una puerta se abría y al recordar que Ben y mi hermano deberían seguir durmiendo en el primer piso me congelé, esta era la casa de sus padres y probablemente alguno de ellos estaría por pasar frente a nosotros. ¡Ayudaaa!
Cerré los ojos y fingí que dormía, era mucho mejor que saludar a un desconocido diciendo: ¡Hey! Buenos días, su hijo, a quien acabo de conocer anoche y yo nos hemos quedado dormidos aquí y hemos despertado con las piernas enredadas, ¡Eso es todo, lo juro!
—Joshua, ¿Conoces a la chica que está durmiendo con Cruz? —Escuché a una mujer que susurraba.
—Cruz, Cruz, Cruz… Este muchacho es imposible —Le contestó un hombre imitando su nivel de voz —Bajemos sin hacer ruido, falta que los despertemos…
Sus pasos se alejaron por las escaleras, abrí los ojos de nuevo y solté una risa silenciosa cuando imaginé lo que pensarían al encontrar a mi hermano y a su hijo allá abajo, aunque probablemente ya estaban acostumbrados a las amanecidas de Benjamin y Austin.
Cruz seguía profundamente dormido, me detuve a mirarlo por unos segundos, su respiración se marcaba definidamente en su pecho, respiraba lento y pausado, sin mencionar lo atractivo que era sin camiseta. Me miré a mí misma y recordé que llevaba puestos un bóxer y una camiseta blanca de hombre. ¡Que habrán pensado sus padres! Aunque, ¿Qué importaba? Probablemente los saludaría antes de irme y no volvería a verlos jamás, incluyendo al hombre que tenía frente a mí.
Me moví un poco para levantarme, pero en cuanto logré quedarme sentada, Cruz abrió los ojos.
—Hey… —Sonreí mientras hacia un gesto de saludo con la mano.
—Hey… —Contestó al mismo tiempo que se desperezaba —Nos quedamos dormidos. ¿Quieres desayunar algo? —Preguntó sin problemas.
—Eh… Tus padres acaban de bajar y creo que nos han visto —Comenté y sentí que me ruborizaba.
— ¿Les has dicho Buenos Días? —Sonrió y entrecerró los ojos, ¡¿Acaso no le importaba?!
— ¡Eres un tonto! —Reí y le tiré un cojín, él lo agarró al instante y me lo devolvió con más fuerza.
—Me conocen, Emma, si hubiera tenido otras intenciones, no nos habrían descubierto durmiendo en un sillón, te lo aseguro… Cuido bien mi intimidad. Ahora bajemos, ¡Mi estómago acaba de despertarse!
La verdad es que el mío también había despertado y pedía a gritos un buen desayuno, pero estaba tan incómoda con la idea de sus padres saludándome y yo vestida como estaba que se me hizo un retorcijón que me quitó el apetito. Me levante y negué con la cabeza, él revoleó los ojos y se paró un par de segundos después sujetando mi mano con un movimiento tan rápido, que no me dio tiempo de zafarme.
— ¡Cruz, no! —Me quejé mientras él corría escaleras abajo secuestrando mi mano derecha, y con ella a mí.
— ¡Shhh! Vas a despertar a nuestros hermanos y se va a terminar toda la diversión.
—Muy tarde —Habíamos llegado al final de la escalera cuando vimos a Benjamin caminando rumbo a la cocina.
— ¡Buen día, Emma! —Me saludó el hermano menor de mi acompañante nocturno.
— ¿Emma? —Preguntó Austin que lo seguía rascándose la nuca, él me conocía bien y tenía buenas razones para verse tan sorprendido.
—Oh. No, no, no… —Traté de explicar, pero al no salirme palabras no me quedó más que soltar una risa que contagió a Cruz en menos de un segundo.
—Tranquilo, Moro, la camiseta es mía, pero el bóxer es tuyo y no, no dormimos juntos —Recapacitó un segundo —No en ese sentido, por lo menos…
—Más te vale, Dankworth —Mi hermano le soltó una mirada fulminante que causó las risas de Benjamin que se iba perdiendo rumbo a la cocina.
Los padres de Cruz y Benjamin parecían ser la clase de gente que siempre estaba de buen humor, perdí un poco la vergüenza en cuanto me senté a desayunar, al menos nadie podía verme en “Ropa interior masculina” con una mesa tapando mi cuerpo. Benjamin era muy parecido a su madre, pero Cruz, él era un calco mismo de su padre, con la excepción de los ojos, Cruz los tenía azules, pero su padre los tenia verdosos, casi iguales a los de su madre y los de Benjamin.
No hubo mucha conversación durante la comida, los cuatro hombres devoraban todo lo que tenían a su paso y la señora Dankworth preparaba su batido especial para la resaca, había un par de chicos en la mesa que realmente lo necesitaban.
Yo tenía a Austin sentado a mi izquierda que estaba totalmente entretenido con Ben y su padre conversando sobre algo relacionado a las motocicletas y a Cruz en la derecha, que bebía un café bien cargado en total silencio, observándolos u observándome, supongo que nunca lo sabría, porque intentaba no mirarlo mientras fingía un total interés por la charla de los otros tres, aunque tenía esa sensación de frio en la nuca que me provocaban sus ojos cuando me miraban con firmeza.
Se deben estar volviendo locos, ¡Cada vez que entran hay un Theme distinto! Es que sigo en busca del Tema perfecto, así que por mientras dejo este, que parece no tener ningún problema (? El anterior no tenia acceso a los likes (o al menos era muy difícil encontrarlo) así que por ahora vamos bien ;) Nada, solo eso. ¡Bienvenidas!
¡Hola! Esta publicación la hago más que nada para aclarar que actor interpreta a cada personaje. Al principio identifique a Emma y a Cruz como Nina e Ian y con el correr de los capítulos ya se han sumado dos nuevos personajes a la historia: Benjamin y Austin, así que dejo las distinciones de cada uno de los personajes hasta el momento e iré añadiendo más a medida que vayan apareciendo nuevas personas.





Lo cierto es que durante la caminata de regreso a la casa me entretuve con su abrigo. Su aroma ya me tenía completamente envuelta, pero la suavidad de la tela y su textura terminaron por drogarme, podía acariciar las mangas de esa cosa sin parar durante horas y dejar reposar las manos en sus bolsillos vacíos hasta que el calor del siguiente verano me obligara a hacerlos salir.
En cuanto regresamos, entre la multitud que bailaba y bebía hasta morir, encontré a mi hermano sentado en un sofá, acariciando muy delicadamente la pierna de una mujer que seguramente ya había caído en su encanto y como la hermana adorable que siempre había sido, nunca nada me había gustado tanto como arruinarle todos los momentos de seducción que estuvieran a mi alcance, así que me acerqué lentamente hacia ambos y para sorpresa de la mujer, me senté sobre las piernas de Austin y lleve mis labios a su oído para susurrarle, mientras dirigía una de mis manos a su nuca, y con la otra acariciaba su pecho y jalaba suavemente de su camisa.
— ¿Lo suficientemente sobrio para llevarme a casa? —Susurré sobre su oído derecho.
— ¡Emma! —Me reprendió mientras me empujaba para salir de su regazo, cosa que no logró con facilidad y terminó por rendirse —Lo siento, es mi… Mi hermanita, ella es mi hermanita —Le aclaró a la mujer enredando la lengua en su boca, eso solo significaba una cosa: Austin estaba totalmente borracho.
—Tu hermanita, claro… Tu hermanita —La vi levantarse de golpe, coger su bolso y alejarse caminando, no pude aguantar la risa y me escondí en su pecho mientras daba carcajadas dignas de una hermana menor con éxito.
— ¡Nunca había visto a una mujer irse de ese modo de los brazos de Austin, hasta que apareces y… Soy tu fan número uno! —Vi a Benjamin aplaudiendo detrás de mi hermano y le sonreí intimidada mientras bajaba de sus piernas. Fue exactamente en ese momento cuando recordé que aun llevaba puesta la chaqueta de Cruz y me ruboricé pensando en si Ben la reconocería.
—No es gracioso, Emma… No puedes hacer eso… Nunca más —Austin hablaba por hablar, no parecía molesto y estaba tan ebrio que dudaba que recordara esto por la mañana.
—Bien hecho, hermano, ahora explícame cómo vamos a llegar a casa si no puedes formar una oración completa —Me quejé sentándome a su lado y aferrándome con fuerza a las mangas del abrigo. ¿Soy la única acá que tiene frio?
—Hay habitaciones arriba, no sería la primera vez que Austin usa una… Para dormir —Aclaró Cruz acercándose por detrás de mí, un escalofrío recorrió mi columna vertebral y sentí como mis mejillas se ruborizaban en cuestión de segundos… ¡La chaqueta, la chaqueta!
— No se preocupen, no queremos molestar —Negué la oferta sin atreverme a mirarlo a los ojos.
—No quiero que mi mejor amigo y su hermana sexy mueran esta noche, está decidido… —Ben dio su última palabra, aunque no es que se encontrara en mejores condiciones que Austin. Me preguntaba si Cruz bebía igual que ellos.
—Tienes que aceptar, no podrías regresar aunque quisieras —Susurró el moreno de ojos azules casi rozando mi oído, me aparte en un instante y de repente deje de tener frio.
—Oye, oye… Dankworth —Mi hermano gritó desde su ubicación —A ella no, es mi hermana… ¿Sabíaaas? —A esas alturas no sabía qué era lo que toleraba menos: Austin borracho o Austin borracho sobreprotector. Tal vez la segunda.
—Ok, ok. Pero solo porque el genio no puede ni mantenerse en pie —Aclaré mientras se esbozaba una sonrisa en el rostro de los dos hermanos.
La fiesta continuó por un par de horas más, Austin siguió bebiendo, aprovechando que podía caer en la cama y no despertar hasta Dios sabe cuándo. Benjamin estaba pegado a él todo el tiempo, me preguntaba por qué nunca lo había llevado a casa… A quien perdí de vista por un buen rato fue a Cruz, que unos minutos después de que le devolviera el abrigo, se perdió entre la gente y no volvió a aparecer. Ese era el tipo de hombre que al ser rechazado intentaba quedar bien y corría a buscar otra presa en cuanto todos se distraían.
Yo pase el resto del tiempo con un par de chicas que trabajaban como secretarias en el área donde se encontraba mi hermano, ellas estaban encantadas de conocerme y no dejaban de alagar al borracho de Austin por donde se lo mirara, por lo que deduje que al menos una de ellas se había ido con él a la cama. Tal vez ambas.
Cuando el último invitado cruzó la puerta de salida me vi sola en medio de una sala completamente sucia y con dos cadáveres durmientes que descansaban sobre dos de los sillones. Me acerqué a Benjamin que dormía con un brazo sobre los ojos y lo sacudí con brusquedad.
—Hey —Se quejó mientras sujetaba mi brazo y lo alejaba de su cuerpo sin abrir los ojos.
—Déjalos dormir, ¿Sabías que despertar a un borracho causa casi los mismos efectos que despertar a un sonámbulo? —Preguntó Cruz cerrando la puerta principal. ¿Dónde estabas?
— ¿Un ataque cardíaco o un estado demencial irreversible? —Sí, por supuesto — Ajá, tal vez eso lo provoca el alcohol, pero nadie quiere aceptarlo —Me crucé de brazos y entrecerré los ojos, me empezaban a doler los pies.
— ¿En serio te molesta verlos así? —Se acercó a mí y llevó la mirada a los dos inconscientes —No deberías venir muy seguido entonces, porque así terminamos casi siempre… — ¿Terminamos? ¿Él también?… Vamos, Emma, ¿Por qué te sorprende?
—Te dije que fui su última opción.
—Bueno, deja que te muestre la habitación donde vas a dormir, estos dos pasaran aquí la noche…
Lo cierto es que nunca se me había dado bien lo de dormir en casas ajenas, sábanas que no eran mías, almohadas que no se amoldaban a mí, las paredes, la luz, la seguridad de saber dónde me encontraba… No iba a dormir esta noche.
Gracias, hermano…
Subimos las escaleras apagándolo todo a su paso, el segundo piso era enorme, tenía sillones y repisas con libros por todos lados, revistas y hasta algunos periódicos enmarcados en las paredes. Lo que me fascinó fue ver un gran balcón que daba directo al mar, en una ubicación perfecta y hermosa. Cruz siguió su camino hacia los pasillos, lo seguí con paso rápido, me daba la sensación de que lo perdería si no me mantenía cerca.
El pasillo tenía por lo menos ocho puertas, pasamos, una, otra y abrió la tercera encendiendo la luz.
—Esta es mi habitación —Comentó invitándome a pasar. Un segundo, amigo, yo no voy a dormir contigo…
—Hay más habitaciones, Cruz…
—Sí, lo sé —Rió por lo bajo —No vas a dormir conmigo —Cerró los ojos con superioridad, como si él fuera demasiado bueno para ser cierto. Respire aliviada —Voy a sacar algo de ropa, no creo que quieras dormir con eso puesto —Me señaló con la mirada fija en mis ojos, la verdad es que no era muy cómoda para dormir…
—Bueno, gracias —Me limité a decir entre tímida y avergonzada. Otra estupidez más, Emma.
Mi cuarto resulto ser el que se encontraba frente al suyo, simple, pero perfectamente decorado. Constaba de una cama doble, una cómoda, un baño propio y una televisión plasma del tamaño perfecto para poder vivir ahí metido el resto de la vida sin sacarle los ojos de encima. Todo iba del naranja al marrón y el detalle del adornito en forma de sirena lleno de caramelos me tenía encantada.
Cruz me dio una de sus camisetas y me ofreció un bóxer, estaba a punto de rechazarlo en cuanto me juró que Austin lo había dejado una de las tantas veces que se quedó a dormir, así que terminé por aceptarlo todo y tras unas buenas noches rápidas me cambié e intente cerrar los ojos y pensar en ovejas, conejos, ranas y cualquier otro animal que fuese capaz de saltar ese cerco, pero fue imposible conciliar el sueño.
Awww, muchas gracias! :’)

Cruz Dankworth parecía saberlo todo con respecto a armas de seducción, era fácil distinguir hombres como él teniendo un hermano como Austin dentro de mi rutina diaria, aunque debía aceptar que Cruz tenía con qué seducir. Era muy atractivo, como su hermano, aunque de un modo muy diferente. Su cabello era tan negro como el carbón, lacio y lo suficientemente largo como para que algunos mechones cubrieran su frente. Como dije antes, unos ojos tan azules como el mismo mar del caribe, con una mirada tan profunda al ponerse en contacto con tus ojos que era como si te clavaran una flecha en el medio del pecho.
Llevaba un conjunto de ropa bastante favorecedor, pantalones jeans con una camisa gris oscuro y un saco negro encima, además parecía tener un muy buen cuerpo bajo el disfraz.
—Debe ser increíble vivir frente al mar —Le comenté a mi acompañante de último minuto mientras caminaba por la arena, descalza y con mis ballerinas en la mano.
—Sí, ¿verdad? Despertarse todas las mañanas con una gaviota picoteando tu ventana debe ser poético —Bromeó y me hizo reír por primera vez en varias horas.
—Hablas como si no te gustara vivir aquí…
—No es que no me guste, es que no vivo aquí —Me corrigió con énfasis y pude distinguir un acento bastante peculiar salir de entre sus labios. Inglés, pero había algo más —Esta es la casa de mi padre, Benjamin y yo la usamos para las fiestas, porque es grande. Él y yo ocupamos apartamentos, ya sabes, vida de solteros…
—Tienes un acento peculiar, es gracioso —Solté con pura sinceridad. ¿De dónde vienes, eh?
—Soy Ingles, pero he vivido gran parte de mi vida en Francia, así que comprenderás mi enredada mezcla entre acento británico, francés y americano —Sonrió con todo su rostro y volvió a clavar su mirada directamente en mis ojos —De todos modos me alegra que te causara gracia, reír siempre es bueno.
No contesté, me concentré en el agua y el sonido que hacían las olas al romper contra las piedras y me senté sobre la fría arena de la noche. Él pareció sorprendido, pero termino por sentarse a mi derecha y acomodarse hasta abrazar sus propias rodillas, ¿Qué quería hacer conmigo? Era uno de los protagonistas en esa fiesta y en vez de estar socializando con las personas había decidido acompañar a una extraña y sentarse en la playa sin mencionar una sola palabra.
—Y entonces… ¿Hay algún suertudo que se ha ganado tu corazón aquí en California? —Preguntó sin sacar los ojos de las olas.
—No lo creo —Respondí casi con un hilo de voz, era difícil, por no decir imposible que alguien lograra enamorarme, así que no temí con sus intenciones, preguntara lo que preguntara y dijese cuanto dijese, Cruz Dankworth solo estaba perdiendo el tiempo conmigo allí sentado y yo me divertía por su intento —Soy un alma libre.
— ¡Estupendo! Somos dos, entonces… Las relaciones son para los suficientemente maduros, ¿No es así?
—En realidad soy lo suficientemente madura, es por eso que no tengo una relación —Le sonreí y pude captar lo extraño que sonó para él mi revelación.
—Así que tu hermano y tú de verdad son todo lo opuesto… —Frunció el ceño y se rascó la nariz.
—No sabes cuánto —Acepté, creo que al fin había captado que estaba perdiendo el tiempo conmigo — ¿No quieres volver? En serio, podrías aprovechar mejor la noche allá adentro que sentado aquí conmigo…
— ¡No seas ruda! —Me miró y entrecerró los ojos — Seré sincero, si te estas preguntando si quería algo contigo esta noche, pues aciertas, eres linda, no es una novedad —Sonrió — Por otro lado me ha quedado claro que para ti soy lo más cercano a un ogro verde y baboso —Solté una carcajada, ese hombre si tenía algo de bueno es que me hacía reír — Además, me interesa conservar la amistad de Austin, ¿Sabes? Trabaja muy bien y es el mejor amigo de mi hermano.
—No eres un ogro verde y baboso, Cruz —Reí de nuevo —Eres lindo y me haces reír, ¿Feliz? Solo no soy ese tipo de chica.
—Eso ya lo noté —Comentó —Y creo que esa es la razón por la que me quedare aquí sentado como una roca marina y observare el tan poco interesante océano contigo. A veces es más divertido pasar una noche lejos de lo de siempre, la rutina y eso…
—Es tu decisión, Roca marina con forma de ogro verde y baboso, piénsalo, alguien podría introducirte en Bob Esponja —Soltó una carcajada y miró al cielo, era la primera vez que lo oía reír y eso sí que lo hacía aún más atractivo.
No dijimos mucho más en el siguiente rato. Por un momento hasta llegué a olvidar que él estaba conmigo y debía pensar que el hombre también estaba disfrutando de sus pensamientos, porque cuando volví a mirarlo seguía en la misma posición que hacía quince minutos atrás.
Mi celular vibró en mi bolsillo haciendo que tanto él como yo perdiéramos la concentración, era mi hermano.
“Austin
17/11/2012 00:46
Dónde estás?”
“Emma
17/11/2012 00:47
Playa, me extrañas? ;-)”
“Austin
17/11/2012 00:49
Vuelve, la playa de noche es peligrosa!”
“Emma
17/11/2012 00:50
No te traumes, no estoy sola…”
“Austin
17/11/2012 00:50
Con quien estas???”
“Emma
17/11/2012 00:51
Cruz Dankworth, te suena? ;-)”
No recibí respuesta, pero estaba totalmente segura de que lo había hecho enojar por un momento y la sensación era del todo gratificante, al fin y al cabo éramos hermanos, la cosa no funcionaba sin molestar al otro.
Un minuto después noté como Cruz se movía buscando algo en sus bolsillos y sacó el celular al mismo tiempo que deslizaba el dedo por la pantalla para desbloquearlo, lo observé, él sonrió por lo bajo y soltó un suspiro mientras negaba con la cabeza.
—Cierto hermano celoso me acaba de mandar una amenaza por iMessage.
—Estoy casi segura de que no es el tuyo… —Reí levantándome de la arena.
—Me ha puesto claramente que si no estás en la fiesta en 5 minutos va a patearme en donde duele, y será aun peor si trato de aprovecharme de ti, que feo concepto tiene tu hermano de mi —Se hizo el ofendido y se llevó una mano al pecho.
—Das razones —Me sacudí los pantalones y titirité por el viento que comenzaba a correr cada vez más fuerte —Entre amigos se conocen, ¿No?
—Si, por supuesto, yo dudaría de mí mismo si fuera él, de no ser porque pusiste una gran barrera verde y babosa entre nosotros…
— ¡Te la pusiste solo! —Me defendí —De todos modos gracias por hacerlo, me ahorraste tener que golpearte más adelante —Sonreí y me dispuse a caminar de regreso a la casa.
—No hay de que… —Me alcanzó y puso su chaqueta sobre mis hombros antes de que yo pudiera decir algo. Realmente un alivio, porque empezaba a morirme de frio.
—Gracias, ¡Lo tomare como una muestra de paz! —Santo cielo, que olor delicioso que tenía su abrigo, podía olerlo para siempre y vivir de ello, porque si había algo que me encantaba de un hombre, era su aroma.
Jaja, bueno, por ahora que recién empieza mientras encuentro lectores subo día por medio, si va mejor puede ir todos los dias ;) Gracias por leer!